La variante diatópica del castellano en Portugal

En el ámbito de los estudios sobre adquisición del español como L2, poco se ha investigado acerca de la variante del castellano que se habló y se cultivó como lengua de cultura en Portugal desde el s. XV hasta más allá de la segunda mitad del XVII. En ese periodo de tiempo, en el país vecino era raro el escritor que no usara el castellano, total o parcialmente, en alguna de sus composiciones.

Este empleo se constata no solo en la poesía lírica sino también en la prosa didáctica y de ficción y, sobre todo, en el teatro. Tanto en la literatura culta como en la popular: se difundían composiciones –romances, canciones, literatura de cordel– y se escuchaban obras en castellano gracias a que muchas compañías de teatro españolas invadieron Portugal después de la toma de posesión del reino por parte de Felipe II (1580). Era un uso tan normalizado que incluso una parte importante de la bibliografía portuguesa dedicada a la Guerra de la Restauración (1640-1668) se escribió en español; y era tal su expansión que algunos investigadores han llegado a pensar que casi se alcanzó una unidad cultural peninsular.

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Se trataba de un bilingüismo en el que, cuando estos escritores componían en la lengua adquirida, introducían elementos de la materna. De este modo, se producía una influencia de sustrato, una transferencia, de la lengua menos prestigiosa pero primera –el portugués– sobre la más prestigiosa pero segunda –el castellano–.

En la difusión de nuestra lengua en el reino luso influyó bastante la política matrimonial que, a partir del Tratado de Alcázovas (1479), siguieron las dos monarquías ibéricas: debido a la presencia de princesas y/o reinas de procedencia española, en la corte portuguesa se hablaban las dos lenguas en una situación de diglosia en la que la lengua de prestigio era, como he dicho, la española. A ello contribuyó también el que esta experimentara en aquellos siglos un periodo de esplendor y de reconocimiento internacional.

Otro factor que redundó en la presencia y divulgación del español en tierras portuguesas fue la circunstancia de que, en aquella sincronía, las diferencias entre ambas lenguas romances no eran tan acusadas como en la actual y hablantes de una y otra –en mayor medida, los cortesanos y las personas cultivadas– se entendían sin mucha dificultad. Hasta el punto de considerarlas como dos variantes –portuguesa y castellana– de un mismo idioma: el español. Recordemos que este glotónimo y gentilicio, durante la Edad Media, hacía referencia a la Hispania romana que abarcaba toda la península Ibérica; será en el s. XVIII, cuando pasará a significar lo que hoy es para nosotros.

La circunstancia lingüística descrita dio lugar, pues, a una especie de dialecto aportuguesado del castellano que llegó a tener su propia tradición y sus características particulares, y que nos puede ayudar hoy día a conocer cómo los lusófonos aprenden y/o adquieren el español como L2.

                                                                                      Entrada elaborada por Antonio Santos.

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